Cómo hacer ejercicio con la mente.

Recuerdo las clases de francés en la escuela. La profesora leyendo en voz alta, vocalizando exageradamente de forma que pudiéramos comprender bien todas las palabras con sus matices, y nosotros respondiendo a sus preguntas tratando de imitar su dicción y su acento, como si fuera un juego de repetición.

La profesora nos escuchaba atenta hasta que llegábamos al obstáculo, generalmente un verbo o una preposición. Entonces nos miraba y nos corregía; a veces con paciencia, a veces con la desesperación del incomprendido. Durante los años escolares se sucedieron las lecturas y las clases, hasta que llegó la vida adulta. Entonces, para muchos de nosotros, el idioma secundario empezó a caer en el olvido. La hegemonía estaba en otros idiomas, y en el trabajo no se hablaba mucho francés. Durante muchos años la atención se centró en otros estudios, en otras personas, y en otros lugares.

Pero la mente humana lo guarda casi todo, como una nostalgia o, a veces, como un sueño. Durante muchos años el sonido de las palabras francesas traía a mi mente aquellos recuerdos infantiles y los ecos de los viajes de estudios a París hechos durante la escuela secundaria. Es impresionante el poder evocador de las palabras.

Han pasado ya más de 40 años desde aquellas lecciones de francés y ha llegado el momento de reactivar aquello que quedó interrumpido. Estando ya en una edad en la que hay más tiempo disponible que obligaciones, he descubierto el placer de rescatar el idioma perdido. Lo que antes era una actividad académica impuesta ha pasado a ser algo lúdico. Ahora quiero aprender el idioma simplemente por el placer de aprenderlo, sin buscarle una rentabilidad profesional.


Al principio pensé que sería imposible traer al presente los aprendizajes infantiles que creía perdidos para siempre, pero el estudio me guardaba una sorpresa. Recuerdo que el siglo pasado dependíamos completamente de las clases presenciales con el profesor, que era nuestra única fuente de conocimiento, pero ahora todo ha cambiado gracias a Internet.

Paris

Animado por la facilidad de la tecnología tomé la decisión de rescatar mi oxidado francés y me dispuse a buscar en Internet ayudas y recursos. Descubrí que nunca ha sido tan fácil aprender idiomas como ahora. Encontré una enorme cantidad de vídeos, diccionarios, imágenes, esquemas, y hasta la posibilidad de practicar la conversación; todo estaba allí. Para todo tipo de niveles y con todo tipo de acentos. Así que comencé buscando vídeos sencillos y podcast para principiantes y para mí asombro, mi comprensión era bastante buena. Lo mejor de todo es que puedo practicarlo en cualquier sitio, simplemente usando el móvil o mi tableta.

Estudio en Internet

Un idioma tienen tantas excepciones a la norma que a veces no parece tener ningún sentido, pero seguramente será por eso que actúa como una palanca para ayudar a pensar y recordar. Practicar otro idioma activa al cerebro y lo estimula. Es como si fuera una tabla de ejercicios para la mente.

Cada vez estoy más convencido de que el tiempo que dedico a los idiomas es un tiempo maravilloso, inspirador y constructivo. Las pequeñas lecturas y audiciones primero, y las conversaciones después, han hecho que se activen intereses y recuerdos que hacen mi vida más interesante. Es mi dosis diaria de gimnasia mental.

Ahora puedo decir que retomar el estudio de un idioma casi olvidado es uno de los placeres de la vida sénior y que nunca es tarde para hacerlo. Lo que empezó como una obligación infantil ha acabado siendo una excelente manera de mantener activo el cerebro, el interés por el mundo y las relaciones.

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